M. Bordenave, P. Carbajosa, K. Cejas, Y. Lareu, N. Nigro, C. Peirone, F. Souto, A. Stemphelet y L. Varela


Las leyes de Matrimonio igualitario e Identidad de género pueden considerarse un avance a favor de los derechos de la comunidad LGBT en Argentina. Aun así, quienes “desafían” los parámetros de la sociedad patriarcal son invisibilizados y discriminados, víctimas de la violencia de género, por parte de la población e incluso del Estado.

“La misma cultura y los mismos estereotipos y prejuicios que dan lugar a la violencia de género contra la mujer (heterosexual) son los que lo hacen contra la diversidad sexual”, afirmó María Rachid, secretaria general de la Federación Argentina LGBT, en referencia al movimiento de lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales y transgéneros (FALGBT). Además, volvió a manifestar su rechazo al “Protocolo general de actuación de registros personales y detención para personas pertenecientes al colectivo LGBT” del Ministerio de Seguridad nacional. La XXVI Marcha del Orgullo en Argentina tuvo como consigna “basta de femicidios a travestis, transexuales y transgéneros; basta de violencia institucional; orgullo para defender los derechos conquistados”.

“Las trans tienen un promedio de vida de 40 años, producto de la desigualdad y la exclusión social. Las echan de sus casas cuando son adolescentes y terminan trabajando en la calle, sin acceso a la educación y la salud”, agregó Claudia Castro, de la FALGBT y La Fulana. Aseguró que, con la presidencia de Mauricio Macri, la comunidad LGBT sufre “un montón de retrocesos” y ejemplificó con la Ley de Reproducción médicamente asistida. “Cuando las compañeras van a hacerse un tratamiento, les ponen mil trabas y los abogados deben presentar amparos para que cumplan la ley”.

“Las trans tienen un promedio de vida de 40 años".

“La discriminación siempre es un obstáculo en el acceso y la permanencia a la salud, la educación y el empleo”, concluyó Rachid. Castro hizo hincapié en que las campañas del Ministerio de Salud son heteronormativas. “Nunca hubo una dirigida al movimiento LGBT”, denunció. Valeria, bisexual de 23 años, lamentó la educación sexual del colegio: “Aprendí más buscando en Internet que en las clases. Lo tenés que buscar por tu cuenta. No te enseñan nada”.

Las historias “anónimas” avalan a Rachid y Castro. José, gay de 24 años, llevó un CV a una farmacia hace algunos días. “Me sentí rechazado por mis gestos y mi forma de vestir”, confesó. La integrante de La Fulana apuntó que, en referencia a la inserción laboral de las trans, la Ley de Identidad de género “prevé un cupo laboral”. José, que no califica en tal cupo, tiene un pasado también de discriminación por su condición sexual. A los 16 años, fue agredido por sus compañeros en la escuela. “’A ver si te la aguantás, marica’, me decían. Fue lo peor que me pasó. Quería morirme”. Castro explicó que el acoso escolar tiene “muchas variables y una de ellas es la diversidad sexual”.