Florencia López Da Silva


Silvia Ceriani, la última novia de Luca Prodan y musa de «Brilla tu luz en mí», creció en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, en el hogar de sus abuelos, quienes le inculcaron el valor de ser decente y el amor por la tierra. Tanto, que aprendió a hacer huertas y a reconocer especies de plantas. Su madre nunca se separó de ella, le enseñó a leer y a disfrutar de los cuentos.

A sus seis años se mudó a la ciudad de Buenos Aires, el lugar en el que se quedaría hasta su adultez. En su adolescencia, mientras sufría el estar en el colegio de monjas Espíritu Santo de Floresta, se refugió en Charly García, Spinetta, Moris, Miguel Cantilo, Serrat, Alberto Muñoz, y en los libros de Kafka, Artaud, y Freud.

Después de dejar la universidad y su trabajo en un estudio jurídico, empezó a trabajar en un bar. Allí conoció a artistas como José Luis Perotta, Gabriel Chamé, y Silvio Rodríguez. Tiempo después trabajó en un pub situado en Pasaje Bollini donde conoció a Borges, y hasta charló con él. También conoció al artista representante del dadaísmo Federico Peralta Ramos: «Me decía que le gustaba venir a mi casa porque no salía en las revistas«.

Un día apareció Luca. Tuvieron una sintonía inmediata, y poco tiempo después estaban viviendo juntos. «Yo imagino una lista de todas las personas que conocí, imagino un relato de los momentos más valiosos, y me siento feliz de haber compartido esta vida con personas tan maravillosas«, dice la ahora restauradora de libros antiguos. Actualmente trabaja en un biodrama y como DJ de tango. En 2018 irá a los festivales de Basilea (Suiza) y Sicilia (Italia).

-¿Cómo empezó el amor con Luca?
-Yo me mudé de la casa de Paraguay y alquilé un cuarto en la casa de Alsina. Era comienzos del otoño de 1987. Luca se mudó unos meses después, cuando estaban terminando de grabar «After Chabón». Me acuerdo que tenía una novia que se llamaba Cruz. El día de su cumpleaños me dejó una nota pegada en la puerta de mi cuarto con la dirección de una casa donde iban a festejarlo; fui y la pasamos muy bien. El 23 de mayo era mi cumpleaños, fuimos a Cemento y bailamos toda la noche. Una noche de invierno vino a mi cuarto por una estufa, tocamos un rato, y me dijo que el calor subía y él tenía un entrepiso en su cuarto: «¿Por qué mejor no venís y dormimos juntos?», me preguntó. Ahí empezó el romance, cada uno sintió que estábamos unidos desde antes, desde la eternidad. La única diferencia era que ahora teníamos sexo, lo demás siguió su curso, se profundizó la cercanía y la convivencia.

-¿Era celoso?
Era un poco celoso, pero nada que ver con la violencia o la falta de respeto. Se dicen cosas que no son verdad; por suerte también se dicen cosas buenas que sí son ciertas. Andrea, su hermano, está haciendo un buen trabajo mostrando otros planos de la vida de Luca. También hay otras personas que se inspiran en su música, que se interesan por su obra y vida. Es un arcángel bélico que vive entre nosotros desde del siglo pasado. Luca es como una joya en mi vida, una joya venida de lejos, querida y apreciada.

"Era un poco celoso, pero nada que ver con la violencia o la falta de respeto". 

-¿Quién fue Luca Podran?

Luca era un ser atento, inteligente, sensual, profundamente herido. Tenía humor, sentido crítico severo, amaba la perfección y era respetuoso. Valoraba el amor por sobre todas las formas. Le gustaba nadar y apreciaba la naturaleza, sabía mucho de pájaros y le interesaban las personas. Era inquieto y curioso, le interesaban los por qué.

-A Luca Prodan se lo definía como un reventado. ¿Qué significa?

-Reventado: palabra horrible si las hay. La gente no entiende a las personas diferentes, que señalar sea para crear y para destruir. A Luca le gustaba recordar «All We Need is Love», y muchos compartimos esa convicción. A veces se usan ciertos adjetivos porque es marketinero; como cuando Jimi Hendrix y Jim Morrison murieron ahogados en su vómito y la compañía de discos eligió decir que murieron de sobredosis porque era más acorde y menos chancho.

¿Como fue tu relación con Luca?
Fuimos amigos desde que nos vimos. Lo encontré en el Einstein una tarde, solo con su portaestudio haciendo una distorsión sobre el tema de Laurie Anderson «Oh, Superman». Venía a visitarme a mí y a mi amiga Mechi a la casa de Paraguay y Pueyrredón, tocaba mi guitarra, cantaba, cantábamos; conversábamos, me contaba de su infancia, me hablaba de su vida en Europa, algunos tramos anteriores de su vida que lo trajeron hasta la Argentina, lejana y austral, de sus romances con Mónica y con Esther. Hablaba de los pseudo punkitos y con asco de las estrellas de rock. Yo le hice escuchar a Moris y le cantaba Jugo de tomate. Juntos cantábamos «I ballo di matone», y le hacía coritos en «Heroine».

"Valoraba el amor por sobre todas las formas. Era inquieto y curioso, le interesaban los por qué"

-¿Cómo había sido su infancia?

Su padre lo apartó de la familia, de su madre, de sus hermanos, de su lengua, de su paisaje bastante más cálido, y lo llevó a un internado para que se eduque, el Gordonstoun. Te daban uniformes para la clase, para los deportes, para cada cosa un orden y un lugar. Había una sala especial para los zapatos que era lo último que te ponías antes de ir a la clase. Una noche, Luca y algunos más ataron los cordones de todos los zapatos entre sí. Imagínate la performance a la mañana siguiente. También había que correr semidesnudo por la nieve como entrenamiento y además te daban un librito para que lleves un diario, que había que escribir cada día. Ellos decían que tal vez un día uno de ellos te iba a preguntar qué escribiste el día anterior. 

-¿Cómo veías a Luca en Sumo?

-Luca era increíble, músico del alma, y hacía temas con cosas de su vida, sus amores, sus percepciones. La música es su elemento, su estela. Yo no soy la del tema de «La rubia tarada», ese tema está dedicado a una chica que conoció en la discoteca New York City. También le dedicó uno al hombre que mató a John Lennon, «Callate, Mark». «Percusión Baby» es para la antigua miembro de Sumo, Stephanie, y también para su ex novia Mónica. A mí me dedicó «Brilla tu luz para mí», y yo sé el amor que sentíamos el uno hacia el otro, la atracción, la complicidad, el cariño. Es muy profundo lo que siento, como un mar de silencioso amor.